¿Qué tecnologías debe dejar entrar la escuela? Una relectura de Emilia Ferreiro en la era de la Inteligencia Artificial

Emilia Ferreiro

Cuando la reconocida investigadora y pedagoga Emilia Ferreiro insistió en que la escuela debe dejar entrar a ciertas tecnologías, no estaba promoviendo una adhesión irreflexiva a la novedad técnica. Su mirada, profundamente ligada a los procesos epistemológicos de la lectura y la escritura, entendía que el aula no puede aislarse de las transformaciones culturales que redefinen la manera en que la humanidad produce y circula el conocimiento.

“La velocidad de los cambios tecnológicos es tal que apenas aprendemos uno ya debemos aprender otro. Estamos viviendo un momento privilegiado en la historia, estamos asistiendo a una revolución cultural privilegiada”

Comprender esa revolución exige superar el viejo hábito institucional de ver los dispositivos como meros artefactos instrumentales. Para Ferreiro, la imprenta, el computador o las pantallas no son simples herramientas para hacer más rápido lo mismo de siempre; son objetos de cultura que transforman la estructura misma del pensamiento escrito y la representación de la realidad.

Al analizar las tensiones entre la institución escolar y los medios digitales, Ferreiro advertía una paradoja cotidiana: “en la escuela no entran la televisión ni el periódico, los alumnos no se informan de lo que pasa en el mundo y luego nos quejamos de que los jóvenes están desinformados o no les interesa la realidad”.

Esta observación adquiere un matiz urgente en el contexto contemporáneo de la educación superior y secundaria. Hoy la paradoja ya no se limita a la pantalla de televisión o al diario impreso, sino que se manifiesta en la sobreabundancia de datos, las redes sociales y la irrupción acelerada de modelos de Inteligencia Artificial Generativa. Intentar blindar el aula mediante prohibiciones punitivas o ignorar la presencia de herramientas como los modelos de lenguaje no protege al estudiante; por el contrario, lo priva de la mediación pedagógica necesaria para construir un criterio ético y riguroso.

Dejar entrar a ciertas tecnologías significa seleccionar aquellas que expanden la autonomía intelectual y fortalecen la capacidad argumentativa. La verdadera alfabetización del siglo XXI no consiste en dominar la interfaz técnica de una plataforma que quedará obsoleta en pocos meses, sino en desarrollar la Lectura Crítica: la habilidad de cuestionar las intenciones de una fuente, identificar premisas ocultas, verificar sesgos en las respuestas generadas por algoritmos y sostener una postura basada en evidencias.

Como señalaba la investigadora argentina, ni la computadora en su momento ni la Inteligencia Artificial Generativa en la actualidad llegaron para sustituir la mente humana, sino para obligarnos a redefinir qué significa realmente leer, escribir y pensar en la sociedad del conocimiento.

Cuando un algoritmo es capaz de redactar un ensayo en segundos, la tarea pedagógica ya no puede ser evaluar la simple reproducción de información; el desafío se traslada a la capacidad del estudiante para auditar las respuestas, detectar sesgos, verificar evidencias y sostener un diálogo argumentativo con la máquina. En lugar de formar usuarios pasivos de la tecnología o clientes acríticos de los modelos de lenguaje, la misión de la academia es formar ciudadanos con juicio situado, capaces de interpretar y cuestionar el mundo digital que habitan.

En ESE, acompañamos a las instituciones educativas en la integración con sentido pedagógico de las tecnologías emergentes, fortaleciendo competencias transversales de lectura crítica, juicio situado y evaluación auténtica.

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