El sistema de educación superior colombiano ha discutido durante décadas un problema estructural: cómo financiar de manera sostenible a las universidades públicas. Con ese objetivo, el Congreso aprobó la Ley 2568 de 2026, una norma que modifica parcialmente el modelo de financiación establecido por la histórica Ley 30 de 1992.
La nueva disposición introduce cambios en los artículos 86 y 87 de la Ley 30, los cuales regulan los aportes del Estado a las universidades públicas. En esencia, busca ajustar el crecimiento de los recursos destinados a estas instituciones para que respondan mejor a los costos reales de su funcionamiento.
El cambio puede parecer técnico, pero en realidad toca uno de los debates más profundos de la educación superior en Colombia: la relación entre expansión del sistema, sostenibilidad financiera y calidad académica.
¿Qué establece la nueva ley?
Uno de los aspectos centrales de la Ley 2568 consiste en modificar el mecanismo mediante el cual se actualizan los recursos que el Estado transfiere anualmente a las universidades públicas.
La norma establece que los aportes del presupuesto nacional deberán crecer al menos de acuerdo con el Índice de Costos de la Educación Superior (ICES), indicador calculado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Este índice refleja la variación real de los costos asociados al funcionamiento de las instituciones de educación superior, incluidos los gastos salariales.
El objetivo de este ajuste es evitar una situación que durante años fue señalada por rectores y analistas del sistema: mientras el número de estudiantes y las responsabilidades de las universidades crecían, los recursos públicos lo hacían a un ritmo menor.
Además, la ley permite asignar recursos adicionales cuando se creen nuevas sedes o seccionales de universidades públicas, lo que busca fortalecer la expansión territorial del sistema universitario.
El problema que intenta corregir.
Para entender el alcance de esta reforma es necesario recordar que la Ley 30 de 1992 definió el modelo de financiación del sistema universitario colombiano hace más de tres décadas. En ese momento, el tamaño del sistema era mucho menor y las exigencias académicas eran diferentes.
Desde entonces, el sistema ha experimentado transformaciones profundas:
- El número de estudiantes matriculados aumentó significativamente.
- Las universidades ampliaron su oferta académica.
- Crecieron las exigencias en investigación y acreditación.
- Se fortalecieron los sistemas de evaluación y calidad.
Sin embargo, el modelo de financiación original no siempre evolucionó al mismo ritmo. Como resultado, muchas universidades públicas señalaron la existencia de un déficit estructural de recursos.
La Ley 2568 busca responder parcialmente a esta situación al introducir un mecanismo de actualización más cercano a los costos reales del sistema.
La discusión sigue abierta.
La reforma abre, sin embargo, una discusión más amplia sobre el futuro de la educación superior.
Durante años, el debate público se ha concentrado en tres grandes temas: acceso a la universidad, financiación del sistema y cobertura educativa.
Estas discusiones son necesarias, pero dejan en un segundo plano una pregunta fundamental: ¿cómo sabemos que los estudiantes realmente aprenden durante su paso por la universidad?
El crecimiento del sistema universitario plantea desafíos que van más allá de la financiación. Entre ellos, uno de los más relevantes es la necesidad de contar con evidencias claras sobre el desarrollo de competencias y resultados de aprendizaje.
El desafío del aprendizaje en la educación superior.
En muchos sistemas universitarios del mundo ha comenzado a consolidarse un enfoque conocido como Aseguramiento del Aprendizaje. Este enfoque busca responder a un interrogante aparentemente simple, pero profundamente complejo: qué aprenden realmente los estudiantes durante su formación universitaria.
Responder esta pregunta implica construir sistemas institucionales que permitan:
- Definir resultados de aprendizaje.
- Evaluar el desarrollo de competencias.
- Analizar evidencias de desempeño estudiantil.
- Tomar decisiones académicas basadas en datos.
En este contexto, la evaluación deja de ser únicamente un mecanismo de calificación para convertirse en una herramienta fundamental para comprender y mejorar los procesos de formación.
Una pregunta inevitable para el sistema universitario.
La Ley 2568 de 2026 representa un paso importante en la discusión sobre el financiamiento de las universidades públicas en Colombia. Sin embargo, la sostenibilidad financiera del sistema no puede separarse de una cuestión igualmente relevante para el futuro de la educación superior.
Si el sistema universitario recibe más recursos y continúa ampliando su cobertura, el desafío que emerge con mayor fuerza es demostrar que ese crecimiento se traduce efectivamente en mejores procesos de formación y en el desarrollo de competencias relevantes para la sociedad.
En otras palabras, junto a la discusión sobre los recursos aparece una pregunta cada vez más central para las instituciones de educación superior: cómo evidenciar de manera rigurosa el aprendizaje que ocurre dentro de la universidad.
Eduardo Montoya Castañeda
Licenciado en Filosofía, fue docente y directivo por más de 10 años. Apasionado por la evaluación y el aseguramiento del aprendizaje. Socio fundador y Director general de ESE- Grupo Educación y Empresa desde hace 14 años.
Diana Maritza López H.
Comunicadora social y periodista con más de 20 años de experiencia escribiendo contenidos y noticias sobre diferentes tópicos. Es parte del equipo de diseño y comunicaciones de ESE – Grupo Educación y Empresa.


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