No sentí el temblor, en ese momento estaba trotando, extrañamente en la pista de atletismo parece que todos lo ignoramos, luego, varias llamadas, la noticia, tembló, muy fuerte.
Al medio día fui haciendo conciencia de los destrozos, de los desaparecidos, de los muertos, de los heridos.
En la tarde noche vi una cantidad inmensa de mensajes, estados de WhatsApp que en solidaridad hacían todo lo posible por ayudar.
A la mañana siguiente y durante toda la semana se han repetido, desde personas prestando su casa para quienes no tienen donde dormir, servicios de psicología, atención a mascotas, voluntariados, comida, agua, víveres.
Recordé que uno de los hallazgos más interesantes de los antropólogos, a mi juicio, fue el propuesto por Lorna Tilley, entre el 2011 y el 2015 planteó la Bioarqueología del Cuidado, una apuesta por recolectar la mayor información y evidencia para concluir si fósiles encontrados recibieron cuidados prolongados.
Análisis óseos demostraron que graves heridas en el cráneo no fueron la causa de la muerte de esos antiguos Homos, así como un fémur roto, o que hubiesen perdido la dentadura no significó su fin, todo esto representaba algo, un signo de civilización, el origen de la compasión.
Esto hace unos 1.8 millones de años, época de la que datan los registros más antiguos del género Homo al que pertenecemos.
Si bien el Sapiens, nuestra especie, surgió hace unos 300.000 años, venimos de esos antepasados del género Homo, ese apellido, esa familia, que cuidaba de los suyos.
Seguro hemos visto cientos de representaciones de cavernícolas torpes, individualistas, que al mínimo descuido atacaban a otros, y claro, existieron, a la par que existían los que ayudaban a otros, compasión. Algo similar a lo que sucede hoy en día.
Basta imaginar un animal cuidando a otro animal, a un perro protegiendo a otro perro, a su amo, al lupanar de lobos cuidándose, el altruismo, la empatía y el cuidado de los enfermos o heridos no son exclusivos de los humanos.
Otros mamíferos como los delfines y las ballenas ayudan a los miembros del grupo a nadar y subir a la superficie cuando lo requiere, sea por enfermedad, cansancio o alguna lesión.
Elefantes que ralentizan el paso, que ayudan con la trompa a desplazar a otros, chimpancés y bonobos que cuidan heridas. Hormigas megaponeras que se lanzan al rescate de sus “soldados” los curan con antibióticos que ellas mismas segregan, aves y perros salvajes que regurgitan su comida para alimentar a otros. Se sacan el pan de la boca.
He amado esta pausa de polarización nacional, porque la humanidad ha salido a flor de piel, personas, empresas, colegios, universidades, que posiblemente no tendrían que hacer algo, lo han hecho, han puesto toda su energía en ayudar. En reconocer necesidades, en ayudar a otros.
Pasó en pandemia, pasó en los terremotos acaecidos en los 90s, en las olas invernales, los huracanes en San Andrés, o la tragedia de Armero. Pasó que sobre todo recurrimos a la humanidad, al cuidado del otro, a la conmiseración y la compasión. Pasó según registros hace millones de años y mientras sigamos existiendo, seguro seguirá pasando.
Eduardo Montoya Castañeda
Licenciado en Filosofía con más de 24 años de experiencia en evaluación y aseguramiento del aprendizaje —AoL—. Fue docente y directivo por alrededor de 10 años. Socio fundador y Director general de ESE- Grupo Educación y Empresa desde hace 14 años.


Excelente reflexión. Me quedo con la idea de que, incluso en medio de la tragedia, el cuidado y la solidaridad siguen siendo parte de lo que nos hace humanos. A veces las situaciones difíciles nos recuerdan que, más allá de nuestras diferencias, tenemos una capacidad enorme para ayudarnos y cuidar de los demás. Olucel
Olga gracias por tu mensaje, el cuidado y la solidaridad nos fortalece como sociedad. Saludos.